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455 d.C. - Genserico saquea Roma


 A la muerte del emperador Valentiniano III, quien había pactado la paz con los vándalos en 442, dicho pacto quedó deshecho para el rey Genserico, quien partió desde Cartago hacia Roma en 455, saqueándola durante dos semanas. El pánico se apoderó del pueblo romano, y el vigente emperador Petronio Máximo acabó siendo asesinado.

 Al año siguiente, Roma atacó y conquistó Cartago, demostrando que el Imperio aún tenía cierto poder. Al llegar los romanos al norte de África, a pesar de ser menos numerosos que los vándalos, provocaron una nube de flechas que acabó con la vida del propio Genserico.

La intervención papal impidió el incendio de los templos. Este grabado es de Luigi Rossini, principios del Siglo XIX.

452 d.C. - El Papa León I detiene el ataque de Atila


El encuentro de San León Magno y Atila, de Rafael Sanzio (1514)
  A mitad del siglo quinto, Atila gobernaba el mayor imperio de su época, el de los hunos, procedentes de Asia. Se había convertido en el peor enemigo de Roma, y en occidente se le conocía como el azote de Dios.

Atila invadiendo Italia, de Ulpiano Checa (1887)
  Sus campañas contra los romanos se repitieron desde que accedió al trono en 434, atacando especialmente al Imperio Romano de Oriente en los Balcanes y Constantinopla, la capital.
 Sin embargo, fue en 452 cuando sembró el pánico al invadir el norte de Italia, siendo mayor que nunca la amenaza sobre Roma. Entonces, en un acto que hoy calificaríamos de imprudente, el Papa León I se reunió con el jefe bárbaro, y logró convencerle de retirar sus tropas de territorio italiano. No se sabe qué fue lo que le dijo.

410 d.C. - Alarico y el saqueo de Roma

El curso del imperio: Destrucción, de Thomas Cole (1836)

 El 29 de Agosto del año 410, las tropas visigodas encabezadas por Alarico entraban en Roma para llevar a cabo un saqueo que duraría seis días. No fue un saqueo especialmente sangriento, y se respetaron templos y monumentos, ya que la idea del rey visigodo era la de erigirse en emperador al estilo romano. Sin embargo, poco despues, cayó enfermo de malaria cuando se dirigía al norte de África en busca de grano.
 Al fallecer Alarico en Cosenza, sus mejores generales ordenaron crear presas para desviar el cauce del río Busento para cavar en su lecho la tumba de su rey y entrerrar junto a él su famoso tesoro. Posteriormente, el río volvió a su cauce tapando la tumba hasta día de hoy. Los esclavos obligados a cavar la tumba fueron asesinados posteriormente para preservar el secreto de la ubicación.