En Mayo de 1987 la Guerra Fría estaba en su ocaso. Sin embargo, la seguridad del gobierno de Gorbachov quedó en entredicho por un joven de 19 años que logró superar todas las medidas y aterrizar con una sencilla avioneta en un puente cercano a la Plaza Roja moscovita. Su intención era la de aterrizar en la misma Plaza Roja, pero no logró que la gente se apartase, a pesar de sus gestos. La idea era aterrizar delante de mucha gente, para evitar ser detenido por la KGB.
Este joven, de la Alemania Federal, alquiló el aparato en Hamburgo para dirigirse a Helsinki. A la vuelta, y con tan sólo 40 horas de vuelo en su haber, según sus palabras decidió
establecer un puente entre Este y Oeste, atenuando la tensión de la Guerra Fría. Según parece, cuando entró en la URSS a través de Estonia, dos cazas siguieron sus movimientos, aunque sin permiso para derribarle, ya que en todo momento los inexpertos controladores de aquel día lo consideraron una
nave amistosa.
Mathias Rust fue vitoreado por mucha gente por su gesta. La URSS le condenó a cuatro años de prisión, de los que sólo cumplió uno, aunque se llegaron a pedir para él incluso los famosos trabajos forzosos en Siberia. El acontecimiento sirvió a Gorbachov para destituir a su Ministro de Defensa, con quien ya tenía tensiones acumuladas, por lo que el líder soviético nunca lo vio con malos ojos, a pesar de que la seguridad de la potencia había quedado en evidencia delante de todo el mundo.