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| El curso del imperio: Destrucción, de Thomas Cole (1836) |
El 29 de Agosto del año 410, las tropas visigodas encabezadas por Alarico entraban en Roma para llevar a cabo un saqueo que duraría seis días. No fue un saqueo especialmente sangriento, y se respetaron templos y monumentos, ya que la idea del rey visigodo era la de erigirse en emperador al estilo romano. Sin embargo, poco despues, cayó enfermo de malaria cuando se dirigía al norte de África en busca de grano.
Al fallecer Alarico en Cosenza, sus mejores generales ordenaron crear presas para desviar el cauce del río Busento para cavar en su lecho la tumba de su rey y entrerrar junto a él su famoso tesoro. Posteriormente, el río volvió a su cauce tapando la tumba hasta día de hoy. Los esclavos obligados a cavar la tumba fueron asesinados posteriormente para preservar el secreto de la ubicación.
Antes de que todo esto sucediera, los visigodos se agolpaban en las fronteras romanas huyendo de los hunos. El emperador vigente, Honorio, les pagaba un tributo para evitar que Roma fuese atacada, a través de las negociaciones de su general, Estilicón. Éste había vencido a Alarico en una batalla cerca del río Po, pero le permitió quedarse en tierra italianas. Las tropas de Estilicón estaban en gran parte formadas por visigodos. Cuando Honorio, que se encontraba en Rávena, mandó asesinar a Estilicón al pensar que éste se estaba asociando con Alarico para asaltar su poder, los soldados de Estilicón se unieron a Alarico, siendo la semilla del posterior ataque a la capital romana.
"El rey de los godos apareció armado a los pies de las murallas de la capital, y el tembloroso Senado, sin ninguna esperanza de recibir ayuda, se dispuso a retrasar la ruina de su país con una resistencia desesperada. Pero fueron incapaces de protegerse contra la conspiración secreta de sus esclavos y criados , que por origen o intereses estaban vinculados a la causa del enemigo. A medianoche, abrieron silenciosamente la Puerta Salaria y los habitantes de la ciudad se despertaron con el tremendo sonido de las trompetas godas. Mil ciento sesenta y tres años después de la fundación de Roma , la Ciudad Imperial que había sometido y civilizado a parte considerable de la humanidad , fue entregada a la furia desenfrenada de las tribus de Germania y Escitia" . La caída de Roma desencadenaría el temor por todo el Imperio e incluso logra que vacile la fe en Dios de muchos cristianos y el regreso al paganismo de otros , pues consideraban que aquel era un castigo de sus antiguos dioses por haberlos abandonado." (Eduard Gibbon, historiador).
Como siempre que es posible, os dejo un nuevo Pasaje de la Historia del gran J.A. Cebrián.



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