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| Las cabezas decapitadas de Lamoral Egmont y el conde de Hornes reciben honores tras su ejecución ordenada por Felipe II, en un cuadro de Louis Gallat (Museo de Brooklyn). |
Gracias a sus pericias militares, Egmont hizo fortuna y pudo formar parte de la nobleza en Flandes. Allí, junto a otros nobles como el Conde de Hornes y Guillermo de Orange, se opuso a la entrada de la Santa Inquisición en el país, llevando así la contraria a su primo, el rey español Felipe II.
Para apaciguar las protestas religiosas, el rey envió al Duque de Alba para ejecutar a los tres cabecillas de la rebelión. Los apresó tras invitarles a comer en honor al hijo de Alba, el Prior Hernando. La nobleza estalló en cólera por el apresamiento, y la gobernadora Margarita de Flandes, incluso dimitió en protesta, lo que no hacía sino allanar el camino de la ejecución.
Se dice que el Duque de Alba profesaba un profundo respeto por Egmont, e incluso derramó lágrimas cuando tuvo que acudir a su ejecución y la del Conde de Hornes en el mercado de Caballos de Bruselas. Años después, Egmont se consideraría un mártir y héroe de la patria belga.
Fuente: elhistoriador.es
