844 - Los vikingos atacan al-Ándalus

Barco vikingo en el famoso tapiz de Bayeux
 Hasta el año 844, los vikingos eran poco más que una leyenda en el sur de la península ibérica, a donde apenas llegaban noticias sobre las atrocidades de los pueblos norteños en sus ataques a los cristianos en Inglaterra y Francia. Al parecer, un cambio en los vientos provocó que estos nórdicos (daneses, de Jutlandia), llegasen a las costas cantábricas y asturianas, donde se encontraron con fuerte resistencia, por lo que siguieron bordeando la península. Cuentan las crónicas que a comienzos del verano de aquel año aparecieron 54 velas blancas en el horizonte del mar de la ciudad musulmana de Lisboa.
 En total, más de 80 naves vikingas (ó drakkar) asaltaban la ciudad lisboeta, encontrando poca oposición del gobernador Ibn Hazm. Después de saquear Lisboe, los asaltantes tomaron entonces dirección al sur, motivo por el que Ibn Hazm envió una carta de advertencia a Abd al-Rahmán II, emir de Córdoba. Dos semanas después, la numerosa flota vikinga aparecía en las costas de Cádiz para empezar a remontar el Guadalquivir (wadi el-kebi), no sin antes saquear Medina Sidonia y la propia Cádiz.

 En Septiembre, los al-Mayus (así llamaban a los vikingos, "adoradores del fuego") llegaron a la ciudad de Sevilla, que sólo gozaba de una antigua muralla romana, y no estaba preparada para afrontar un ataque como éste. Los andaluces nunca habían visto hombres tan bárbaros, altos y fornidos. Saquearon la ciudad, asesinaron sin piedad a cuantos encontraron en su camino, cometieron violaciones, provocaron incendios... Muchos sevillanos huyeron, y otros muchos fueron capturados como esclavos.


 Poco después hicieron un segundo ataque sobre Sevilla, pero ésta permanecía casi despoblada. Asaltaron una mezquita y mataron a todos cuantos allí se encontraban rezando. Es la actualmente conocida como Mezquita de los Mártires.

Abd al-Rahmán II
 Durante dos meses, los vikingos camparon a sus anchas por al-Ándalus, asolando pueblos y generando terror. Fue el tiempo que el emir tardó en reunir suficientes efectivos para enfrentar la amenaza con garantías. En Noviembre, un reducido grupo de musulmanes provocó a los vikingos para que éstos les persiguiesen por el Guadalquivir hasta desembarcar en la zona del actual Aljarafe. Allí les esperaba una emboscada, fue la conocida como Batalla de Tablada. Unos mil vikingos perdieron la vida, y otros 400 fueron capturados para ser decapitados de manera ejemplarizante. Así terminó la primera incursión normanda en al-Ándalus.

 Los normandos intentaron negociar con el emir entonces, pero éste no se fió. Conforme huían y recogían a sus supervivientes por el camino, los habitantes de los pueblos arrasados les lanzaban piedras con hondas. Abd al-Rahmán envió a los héroes de Tablada a realizar un segundo ataque, que fue definitivo, perdiendo la vida el líder vikingo. Como represalia, éstos saquearon la ciudad deNiebla.

 Después de los ataques vikingos, las murallas de Sevilla se fortificaron, mientras que atalayas y torres de vigilancia fueron construidas a lo largo de todo el litoral andalusí. Abd el-Rahmán II llegó a amenazar con pasar a la ofensiva y arrasar los pueblos del norte si una gota de sangre más era derramada. Y al parecer, le escucharon, ya que el terror vikingo no volvió a al-Ándalus.

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