A día de hoy, es la más grande del mundo de su tipo. Acumula las aguas de tres años, y si fuera destruída, cubriría completamente el país de Egipto. De diseño alemán, en los años sesenta del siglo XX, entre soviéticos y egipcios construyeron esta faraónica obra que simbolizaba el realzamiento de Egipto como país, y su intención de librarse del yugo occidental, en aquel momento representado por británicos y franceses. Sin embargo, estamos hablando de la segunda presa o Presa Alta de Asuán, ya que la primera se construyó para evitar las inundaciones a finales del siglo XIX.
Desde tiempos de la Grecia Clásica, Egipto había sido siempre un país bajo dominio extranjero, motivo de su progresivo empobrecimiento a lo largo de la Historia. El crecimiento de su población contrastaba con las pocas zonas cultivables. Además, este empobrecimiento había llevado a que Egipto tuviese que vender anticipadamente sus cosechas de algodón, así como las acciones de otra obra monumental como era el Canal de Suez, bajo dominio británico.
Para poder financiar la enorme presa, el rey egipcio Gamal Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez, lo que provocó la ira de británicos y franceses, así como la desconfianza de israelíes, lo que llevó a una invasión por tierra que solo pudo sofocar la intervención de los Estados Unidos y la Unión soviética. Finalmente, Egipto lograba nacionalizar su canal, y poder construir la Presa Alta de Asuán, que se terminaría finalmente en 1970. Esta presa es de vital importancia para el país, no sólo por sus implicaciones agrícolas, sino por proporcionar energía eléctrica para gran parte de la población.
En cuanto a la Arqueología, hubo que trasladar numerosos templos del Antiguo Egipto (la zona de Abu Simbel) para que no se viesen inundados por la creación de la presa, lo que se hizo dividiéndolos en bloques y transportándolos a colinas más altas.


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