El 25 de Diciembre de 1914, y cuando la Gran Guerra apenas llevaba unos meses y sus participantes pensaban que era cuestión de días que terminase el conflicto, en distintos puntos del continente los soldados británicos y alemanes salieron de las trincheras durante unas horas para celebrar la Navidad con el enemigo. Intercambiaron regalos, tales como café, bebidas alcohólicas y tabaco, y se cuenta que muchos de ellos fueron después obligados a cambiar su ubicación por no poder entrar en combate tras semejante confraternización. Un hecho histórico que pone en evidencia el sinsentido de este conflicto, que causó más de diez millones de muertos.

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